La temporada 4 de The Witcher en Netflix era, sin duda, la más esperada y la que más miedo generaba entre los fans. Tras la salida de Henry Cavill, la sombra del anterior Geralt de Rivia era alargada y la elección de Liam Hemsworth como su reemplazo fue la prueba de fuego definitiva. Lo primero que hay que reconocer es el ingenioso, aunque arriesgado, movimiento de Netflix para abordar el cambio de rostro: la temporada lo introduce como un giro narrativo, una metanarrativa que, si bien puede ser chocante, al menos muestra respeto por la ruptura de la continuidad y la propia mitología del Brujo, permitiendo que el nuevo actor se establezca.
Liam Hemsworth: Un Nuevo Rostro en el Continente
El cambio de actor es el tema central. La interpretación de Hemsworth se enfoca en un Geralt menos estoico y, seamos honestos, más “hablador” y expresivo que el de Cavill. Esto puede gustar o no, pero le da a esta versión del Brujo una energía diferente. Se siente menos como el cazador de monstruos taciturno de los videojuegos y más como el personaje de las novelas que, aunque gruñón, tiene interacciones más dinámicas con su entorno.
La temporada se centra principalmente en la adaptación de la tercera novela, Bautismo de Fuego, siguiendo la frenética búsqueda de Geralt y Yennefer por reunirse con Ciri, quien, por su parte, debe confrontar el alcance de sus crecientes y peligrosos poderes. Esta estructura permite a la serie recuperar un ritmo narrativo más enfocado, alejándose de las múltiples líneas temporales que a veces lastraron temporadas anteriores.

La Búsqueda y el Camino: Más que solo Monstruos
La química entre el nuevo Geralt, Yennefer (Anya Chalotra) y Jaskier (Joey Batey) es sorprendentemente efectiva. El tono de la serie sigue siendo maduro, pero la inclusión de nuevos personajes como el carismático Zoltan Chivay (interpretado por Danny Woodburn) y la aparición de un formidable Vilgefortz (Mahesh Jadu) en la trama principal, dotan a la temporada de una vitalidad que se había perdido. Las escenas de acción de Hemsworth, aunque diferentes a las coreografías de Cavill, son brutales y rápidas, volviendo a hacer uso de más Señales y Pociones, un guiño que los fans de los juegos y libros apreciarán.
En resumen, la cuarta temporada logra lo impensable: avanzar la trama principal de una manera satisfactoria a pesar de la controversia del recasting. La serie de Netflix ha encontrado una forma de continuar, aunque el recuerdo de su anterior estrella planee sobre cada escena de acción. Es una temporada que pide paciencia y una mente abierta, pero que recompensa con una historia más compacta y emocionalmente centrada en la “familia elegida”.